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lunes, 6 de junio de 2011

Gabriel Paletta

Hagamos un mea culpa. Cuando Gabriel Alejandro Paletta llegó a Boca a mediados de 2007, con jóvenes 21 años y proveniente nada más y nada menos que del Liverpool de Inglaterra, algo tendríamos que haber sospechado. Los europeos no te largan a esa edad ni en pedo. Y menos si es un equipo groso. A lo sumo te hacen conocer el Viejo Continente yirando de préstamo en préstamo. Pero si el Liverpool te quiere sacar de encima y ningún Fulham levanta la mano, algo no cierra. Cositas (?) que después pudimos palpar en vivo y en directo cada siete días entre agosto de 2007 y mayo de 2010, fecha de su inexplicable partida al Parma de Italia. Ah, un aplauso para su representante por favor. 
Con cierto aire boquense en su estilo de marcador central algo bruto y desordenado, su arribo para tratar de continuar el legado del Flaco Schiavi y Cata Díaz pintaba complicado desde el vamos. Pero el hecho de caer en un equipo ya armado que encima venía de ganar la Libertadores más el tema de la experiencia europea, su juventud, rudeza y juego aéreo en las dos áreas, nos terminaron de vender un combo muy piola. Y comprar, compramos.
Ni hablar cuando en uno de sus primeros partidos, fecha 10 del Apertura 2007 contra Gimnasia de Jujuy en la Bombonera, agarró la lanza y la boleadora y fue a buscar sobre el final el gol del triunfo en una pelota parada. Gol que convirtió con un buen cabezazo cruzado en el arco del Riachuelo. De todas maneras, el balance de aquel 23 de septiembre de 2007 terminó siendo negativo. Baldassi descontó nueve minutos, y el Lobo jujeño puso el 2-2 final a los 53 y de cabeza tras un corner. ¿Falla de Paletta? Un seis tiene que copar la parada en una circunstancia de esa naturaleza. Ni hablar del otro gol de Gimnasia, facturado por Miranda en el primer tiempo, que también puso en evidencia notorias fallas en el juego aéreo defensivo de Boca. Atenti que cuatro días antes, una terrible desatención permitió un gol del San Pablo sobre la hora. Gol que valió doble y terminó significando ni más ni menos que la eliminación de la Copa Sudamericana 2007.
El semestre anduvo a los tumbos en el campeonato local, pero como asomaba en el horizonte el Mundial de Clubes en diciembre, todos hicimos la vista gorda. Y el choque con el Milan en la final, se presentó como la oportunidad ideal para que un montón de jugadores se metieran de prepo en la historia grande Boca. Pero el festín que se hicieron los tanos especialmente con Paletta, Maidana y Caranta, empezó a desnudar una realidad que no se quiso ver: el equipo se devaluaba a ritmo acelerado.
Pese al tobogán en el que entraron Boca y Paletta, cantó presente en muchísimas formaciones haciendo dupla central con Forlín, Maidana, Morel Rodríguez y una muy recordada (?) con Julio Cësar Cáceres. Jamás hubo indicios de seguridad defensiva y el nivel de nuestro homenajeado cayó estrepitosamente. Con cero confianza empezó a mechar un de cal y tres de arena. Un quite más o menos bueno y agujeros negros en el fondo de la defensa. Como la noche del sábado 26 de febrero de 2010 por la sexta fecha del Clausura. Su ingreso faltando 20 minutos para aguantar la victoria 1-0 sobre Estudiantes fue totalmente contraproducente. Tras un pelotazo desde el arco Pincha, Paletta erró en el cálculo del cabezazo, pifió totalmente la trayectoria de la pelota y Leandro González se fue solo al gol. Semejante falla a los 48 del segundo tiempo y en el arco de Casa Amarilla, fue un broche dantesco que dejó a un debutante Luiz Alberto pateando el pasto y mirando a Paletta con cara de asesino serial. Movieron del medio y terminó el partido. Así de copado (?).
Ya a esa altura la cosa estaba totalmente juzgada. Atrás habían quedado sus comienzos en Banfield, 74 partidos con la azul y oro, 5 goles y un par de lesiones bastante fuleras.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Jesús Méndez

Cada tanto aparece uno de esos casos que nos demuestra brutalmente que para jugar en la primera de Boca no sólo hacen falta un montón de cualidades técnicas y físicas. Aparte de saber parar una pelota, pisarla un poquito, pasársela a un compañero y aguantar corriendo 90 minutos, hay que dar muestras de personalidad. Pruebas de una fortaleza mental que permita sobreponerse a circunstancias adversas y acarrear con la enorme responsabilidad de jugar con la camiseta azul y oro puesta. Requisitos estos últimos, que hicieron de la estadía de Jesús José David Méndez en Boca, un verdadero infierno. Tanto para él como para los que lo vimos desde afuera.
Luego de una interminable novela en la que varias veces el pase estuvo caido, su arribo a comienzos de 2010 procedente de Rosario Central vino precedido de un consagratorio (?) Apertura 09 con el Canalla. Así que los dirigentes de Boca compraron una vez más con el diario del lunes y Abel Alves pudo contar en sus filas con un mediocampista batallador, conocedor del doble cinco, con mucha técnica, capaz de gambetear en una baldosa para después soltarse, armar juego y por qué no, pisar el área rival. Ah, sumemos buena pegada con pelota parada y en movimiento. Joya, nunca taxi (?).
Su debut fue al toque. Ni bien llegó, se calzó la 34 contra Argentinos y fue volante por la izquierda en La Paternal el domingo 31 de enero por la primera fecha del Clausura. Las dimensiones del metegol estadio Diego Maradona jamás lo dejaron de garpe y el crédito quedó abierto para todo lo que se venía. Tres días más tarde en la segunda fecha contra Lanús, tiró un par de firuletes que no dieron resultado debido a los charcos que hubo esa noche en la Bombonera. Así que la excusa del diluvio caído le vino de perillas.
Las fechas empezaron a pasar y la cinta blanca en su muñeca jamás secó una gota de transpiración verdad no se lo veía muy metido. De hilvanar algo decente ni hablar. Pero el apuntado fue el técnico Alves que no lo ponía de volante central suelto sino por las bandas. Pero para ser sinceros, perder la pelota en la medialuna propia intentando tirar un caño, no admite discusión táctica posible. Sus bicicletas, pisadas y fintas empezaron a quedar fuera de contexto en un tipo que trotaba la cancha y no tenía la delicadeza de por lo menos sacar un puntinazo al arco contrario.
Contra River tras la suspensión por lluvia, pudo por fin sacarse el gusto de jugar de doble cinco. Y rendir, podríamos decir que rindió. Aunque los dos goles los hizo otro volante con tal vez menos obligaciones ofensivas que él. Estamos hablando de Gary Medel. A los pocos días Alves renunció y durante todo el primer interinato de Pompei fue ignorado olímpicamente.
La llegada de Borghi a mitad de año lo encontró con pelo y barba candado de color rubio platinado y la ilusión de arrancar de cero un ciclo que trajo aires de renovación importantes. Primero por la gran cantidad de refuerzos llegados. Y segundo, por el sistema talibán del cual Borghi jamás se apartaría. En el 3-4-1-2, empezó siendo de los volantes que ocupaban el centro de la cancha. Pero nada. Pasó de carrilero y la cosa empeoró ya que no llegaba al fondo, no cubría atrás, no pateaba al arco, no tiraba acentros, no iba ni venía. ¿Qué carajos hacía? Vegetaba.
El 24 de octubre redobló la apuesta haciéndose expulsar muy boludamente en la cancha de Independiente. Un tremendo planchazo fuera de contexto puso en riesgo un 0-0 que parecía cantado desde los cinco del primer tiempo. Volvió de la suspensión, cantó presente en la despedida al Bichi en el Monumental y otra vez estuvo bajo las órdenes de Pompei. Momento en que ganó las primeras planas no por sus minutos aislados en la última fecha del campeonato sino por irse a las manos con Insaurralde en un entrenamiento.
Habló en algunos medios acerca de un problema familiar pesado pero no tuvo más hilo en el carretel para afrontar el mundo Boca. La llegada de Falcioni, quien le pidió expresamente que se quedara a pelear un puesto, lo terminó de decidir sobre su nuevo rumbo: tras 22 partidos oficiales en Boca se fue a jugar al Nacional B con Rosario Central. Sin palabras. Sus inicios fueron con las camisetas de River, Olimpo y el Saint Gallen de Suiza.

martes, 20 de abril de 2010

Leonardo "Mudo" Itabel


Es normal que haya chivos expiatorios en donde los hinchas puedan depositar tranquilos (?) todas las culpas de una derrota. Y está bien (?). Generalmente hasta hay cierto merecimiento en el jugador caído en desgracia, ya sea por bajos rendimientos repetidos o hasta por falta de actitud. Lo que llama poderosamente la atención en el caso que nos ocupa, es que Leonardo Fabián Itabel, logró ser el culpable de todos los males en apenas cuatro meses. Sus únicos cuatro meses con la azul y oro.
Llegó al club a comienzos de 1990, con 27 años y con cierta chapa de ser un volante ofensivo, de gran técnica y buen promedio de gol. Nada mal para alguien que venía a sumarse nada más y nada menos que al Boca campeón de la Supercopa 89. Por eso, enseguida hubo gran ilusión ante la llegada del refuerzo estrella (?) y mucho optimismo con todo lo que podía crecer el equipo de Aimar.
Debutó oficialmente la calurosa noche del 26 de enero de 1990 cuando entró faltando tres minutos por Diego Latorre. Boca ya le ganaba cómodamente a Central 2-0 en la Bombonera y la segunda rueda empezaba a toda orquesta para darle caza a River e Independiente en lo más alto de la tabla. En los 3-5-2 de Aimar, estaba clarito que Marangoni y Giunta iban a la trinchera, y nuestro homenajeado junto a Gambetita y el Bocha Ponce estaban para abastecer a Graciani y por ejemplo un Rata Rodríguez. Pero Itabel contaba con un plus (?). El Cai ya lo conocía de la época de Ferro, así que no tardó de llenarlo de indicaciones y obligaciones a la hora de marcar. Y como suele pasar en estos casos, ni chicha ni limonada.
Al barullo fogoneado por el DT se le sumó el barullo del prooio Itabel para definir situaciones tan claritas como por ejemplo asistir a un compañero que esperaba solo en la boca del arco. Entonces empezó a enterrarse lentamente y de la mano de un equipo que perdía funcionamiento partido a partido. Llegaron un par de resultados impensados (el 3-3 ante Velez en Liniers y derrotas 0-1 con Union y Ferro en la Bombonera) y el castillo de naipes de derrumbó llevándose puesto en primer lugar a Itabel. Claro, Aimar tenía un lindo sommier con la Supercopa ganada en cancha de Independiente, así que a diferencia de lo que pasa casi siempre, el DT estaba a resguardo.
Itabel estuvo presente y todo en el Orange Bowl de Miami para ganarle la Recopa al Nacional de Medellín, pero ya había olor a caso juzgado. Faltaba algo que llegó al toque. El murmullo cada vez que paraba la pelota, arrancaba por una de las bandas e indefectiblemente chocaba contra un rival. Pasó a tener tolerancia cero con los hinchas pese a meter un impresionante gol de palomita en el Parque Independencia en la victoria 2-1 frente a Ñuls. Partido que quedó como 2-0 tras la suspensión por incidentes y el fallo del tribunal.
A fines de mayo terminó el campeonato y se fue tras 18 partidos oficiales, 1 gol y muchas jormadas para el olvido. Su carrera, iniciada en Chacarita, también incluyó las camisetas de Rosario Central, Ferro, Central Sudamérica y Huracán Buceo en Uruguay y Defensores Unidos de Zárate y Villa Dálmine en el ascenso local.

miércoles, 14 de abril de 2010

Sergio Apolo Robles


Pérdida de poder y desgaste en la cúpula dirigencial. Más experimento total tirando como DT a un ex jugador. A eso le sumamos un equipo que se arrastraba en la cancha, perdía por goleada y le escapaba al último puesto de la tabla. Mezclamos un poco y le agregamos un toque de jugadores ídolos sinónimos de gloria pero que estaban en el ocaso de su carrera, más algunos pibes de las inferiores que prometían y un par de compras hechas al voleo. Batimos, revolvemos y no hablamos del primer semestre de 2010 sino que retrocedemos 30 años para caer de dorapa en los primeros meses de 1980. En este contexto y ya con un año en el lomo poniéndose la de Boca, era teóricamente el momento de Sergio Apolo Robles.
Puntero izquierdo prometedor llegado desde Ñuls a comienzos de 1979 y con el objetivo de desbancar nada más y nada menos que al Heber Mastrángelo. Debutó no casualmente en un amistoso 0-0 contra la Lepra en cancha de Vélez que sirvió como parte de pago de su pase y el de Berta. Seguramente por ese motivo fue que el Toto Lorenzo lo puso de entrada.
La realidad es que ese año era el inexorable final de un ciclo dorado y Robles fue utilizado bastante. Pero sin darle mucha vuelta, no rindió. Hizo un par de goles como un doblete que pintaba para hazaña y sin embargo terminó en derrota 4-6 contra Estudiantes, pero su nivel estaba a años de luz de lo que se esperaba. Se lo veía lento, tosco, errático con la pelota y con la pólvora mojada. Un combo letal.
Y si 1979 fue flojito, 1980 fue el certificado de defunción. Obviamente de la mano de un equipo que no ayudaba, pero con producciones personales que lo hicieron comer banco y entrar de a ratos cada vez más aislados. Y fuera de ritmo la cosa se hizo más cuesta arriba que nunca.
Jugó en total 31 partidos oficiales, hizo apenas 5 goles (todos en 1979) y reapareció mágicamente a principios de 1981. Fue utilizado por Silvio Marzolini en algunos amistosos de verano días antes que llegaran Maradona, Brindisi, Escudero y toda la troupe de estrellas que ya se venían. Obviamente en este contexto no había ninguna chance de que tuviera rodaje.
Por eso seguramente agarró lo que le pasó cerca y se fue a Sarmiento de Junín. Su carrera, iniciada en Juventud Antoniana de Salta, siguió después en Rosario Central, otro paso por Ñuls y Gimnasia de Mendoza.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Sergio Castillo


Estamos de acuerdo que no fue el mejor momento para arribar a Boca. La presión por abrochar un título, más la llegada en masa de refuerzos y un Veira al que ya le andaba mal la brújula armaron un escenario tormentoso. Pero así como decimos eso, también hay que decir que Sergio Raúl Castillo, desde el costado derecho de la defensa no aportó ni un mísero granito de arena.
Porque podríamos hablar de cero marca, cero proyección y nadie se tiraría debajo de un tren (?). Pero ya cuando hay que decir cero control de pelota y de zona totalmente liberada para los rivales, la cosa se pone muy jodida. Así de dramático.
Debutó el 27 de agosto de 1997 en un partido de Supercopa contra Independiente en la Bombonera. Formó defensa con Traverso de dos, Tota Fabbri de seis y Mauricio Pineda de tres. Y el experimento casi sale bien si no fuera por el empate del Gurí Alvez en tiempo de descuento.
Ese año sólo derrocharía inseguridad en una Supercopa que duraría muy poco para Boca y recién en 1998 trasladaría todo su mar de dudas al campeonato local. Así fue como en el Clausura 98, la agonía del ciclo Veira, tuvo algo más de rodaje pero siempre como fusible de cambio cuando había que ir a empatar o morir, cosa que generalmente pasaba todos los domingos. Y para comprobar esto basta solo con repasar que en sus 17 partidos oficiales dejó el lugar en cancha a los Latorre, Islas, Carioca Ruiz, Florentín o el que estuviera más a mano.
Su carrera, bastante prometedora según algunos, había comenzado en Guaraní Antonio Franco de Misiones y Deportivo Español y tras le experiencia nefasta en Boca, siguió en el Atlas de México, Belgrano y un retorno seguramente muy esperado a Guaraní Antonio Franco.
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Gracias a Guille por la foto

martes, 15 de septiembre de 2009

Cristian "Chiquito" Dollberg


Defensor central, cinco, doble cinco (?) y hasta enganche, como diría el sabio moderno, Horacio Pagani, “el polifuncional es el jugador que juega mal en todos los puestos”. En este caso específico le podemos dar toda la razón, nunca tuvo la capacidad de jugar un buen partido en Boca.
Este espigado jugador que llegó desde el Colonia alemán, con pasos previos por Argentinos Juniors y selecciones nacionales juveniles, se dio el gusto de debutar en la mismísima Bombonera contra Colón de Santa Fe, en la derrota 3-2 por la 2º fecha del Apertura 96, entrando a los 89 minutos por Latorre.
A los pocos días siguió buscando minutos , y tuvo la oportunidad de jugar algo más de media hora, pero seamos sinceros, ser suplente de Lorenzo, Carrario o Raúl Peralta, demostraba el poco futuro que podría llegar a tener este jugador en Boca.
En total en ese año 96 disputó un total de 17 partidos, obteniendo más derrotas en contra que victorias del club de la Ribera. Luego de estos partidos una sucesión de lesiones lo privó de tener una regularidad, aunque sea entrando del banco. Varios problemas en las
rodillas lo fue alejando cada vez más de la posibilidad de jugar, compitiendo con Alfredo Berti el puesto del jugador más lesionado en la historia. Se pudo recuperar en la temporada 98/99, pero con Bianchi y un equipo que tuvo la suerte de estar 40 partidos invicto, no le dio la posibilidad
de jugar en el equipo. En la última fecha del Clausura 1999, con todo el torneo resuelto, Bianchi le dio la posibilidad de jugar contra Unión un partido que finalizó 2-2 y contó con el debut de Furios y Coloccini, y como moraleja, mientras algunos debutaban en Boca el homenajeado formaba por última vez con la azul y oro.
Luego intentó buscar sus últimas oportunidades en el Paok de Grecia y Defensores de Belgrano, pero en el 2001 con menos de 30 años se retiró para siempre del futbol.
Pero hoy en día la sigue pisando, amasando, pero no a la pelota sino que hoy es un humilde… panadero en Villa Ballester.
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Autor invitado: Lucas Merolla

jueves, 4 de junio de 2009

Néstor Lorenzo


Un jugador que surge del semillero del mundo, tal como se lo conoce a Argentinos Juniors por sus exquisitas inferiores, y tras afianzarse en primera pasa al Bari de Italia. Luego al Swindon Town de Inglaterra. Más tarde integra la Selección Argentina y es titular en la obtención del subcampeonato de Italia 90. Luego pega la vuelta al país y lo contrata un equipo grande como San Lorenzo. De allí pasa a un club más que digno, como Ferro y termina arribando a Boca a mediados de 1996. ¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? Primero, que estamos hablando de Néstor Gabriel Lorenzo. Y segundo, que o el fútbol es muy generoso o hay tipos que evidentemente tienen muchísima suerte en esta vida.
Defensor central que recaló en el xeneize para ordenar y dar experiencia y seguridad en la zaga del equipo dirigido por Bilardo. Pero en su única temporada en el club, la 1996/97 (el último campeonato de Bilardo y el primero del Bambino), jugó 14 partidos, no hizo goles y se morfó 3 expulsiones (dos en partidos consecutivos). Dos rojas frente a Independiente y una frente a San Lorenzo en el lamentable 0-4 en Bajo Flores.
Pero más allá de estos números, ya de por sí contundentes, Lorenzo dejó en el recuerdo un nivel muy malo. Lento en los cruces, regalado en los mano a mano y descontrolado en sus salidas, sufrió horrores las líneas de tres que probó Bilardo. Y con Veira, aunque un poco más resguardado, no pudo mostrarse seguro y confiable nunca. Sin pecar de exagerados, era una invitación para colarse en el área de Boca.
Tras su nefasto paso por el xeneize, su impecable trayectoria se cerró defendiendo la camiseta de Banfield.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Ariel "Marcha" Boldrini


Ariel Boldrini pegó fama en el Ñuls de principios de los noventa y, como no podía ser de otra manera, llegó a un Boca hambriento de títulos para la temporada 1991/92. Vino en una especie de combo junto a Amato y Mohamed para ver si entre los tres podían hacer la mitad de los goles que había hecho Batistuta. Pero no.
El "Marcha" fue un fiasco tremendo. Hizo 2 goles en 12 partidos.
Y tras un arranque como titular fue perdiendo lugar fecha tras fecha. Al compás de sus bajas actuaciones.
Siguió su carrera en Talleres y embocó a Boca en La Bombonera sobre el final en el 1-1 del Clausura 1993. Y obviamente, resentido y frustrado con la azul y oro, gritó ese gol en el arco de la calle Brandsen con alma y vida.

domingo, 25 de enero de 2009

Alejandro "Porota" Barberón


Barberón llegó a Boca para la temporada 1988/89. Vino en una especie de combo junto a Pastoriza y Marangoni. Combo que se rajó de Independiente para anclar en La Boca. Pero a diferencia del “Pato” y “Maranga”, la historia de la “Porota” es lisa y llanamente un fiasco.
Ni bien desarmó los bolsos en Brandsen 805 se filtró la información de que desde chiquito era hincha de Boca (otro más y van...). Esto hizo que al principio se lo mirara de buena manera. Sobre todo por su rendimiento en años anteriores en el Rojo. Pero la paciencia tuvo un límite. Y se agotó. Su nivel fue flojo desde el vamos y nunca aportó una solución al equipo desde la raya de cal izquierda del ataque xeneize. Pura velocidad. Pero al mismo tiempo puro barullo y confusión. Barberón no desbordaba ni tiraba centros. Tampoco hacía goles. Y eso para un delantero es sinónimo de horas contadas.
En 33 partidos con la camiseta de Boca pudo marcar sólo una vez (en un 4-2 a Ñuls en la Bombonera) y recién en la temporada 1989/90. Fue tal el desahogo esa tarde, que su grito desaforado generó una especie de lástima en “La 12” y la cancha entera le regaló su único “...Bar-be-rón... Bar-be-rón...”.
Siempre fusible en los segundos tiempos cuando la mano venía torcida, Barberón es un ejemplo más y un caso típico de los jugadores que la rompen en otros equipos y cuando se ponen la azul y oro se apagan más rápido que fogata en tormenta de Santa Rosa. Una película que ya vimos un montón de veces.

viernes, 9 de enero de 2009

John Jairo "Turbina" Tréllez


Ya desde su arribo a Boca, John Jairo Tréllez no pasaría desapercibido. Es que en los primeros meses de 1994, el entonces técnico xeneize César Luis Menotti pidió insistentemente su llegada al club. Hasta acá nada muy extraño, ya que según contaban los diarios, “Turbina” la rompía en el fútbol colombiano defendiendo la camiseta de Nacional de Medellín. Lo raro es que en lugar de Tréllez, el que iba a llegar a Boca era nada menos que Ronaldo. Pero la visión del “Flaco”, priorizó al colombiano por sobre la joven estrella brasileña.
Llegó entonces con bombos y platillos. Todos los ojos estaban sobre él. Pero semejante expectativa duró un solo partido. Es que su debut en cancha de Huracán frente a Dep. Español fue pésimo. Hay que reconocer que todo Boca fue un desastre en ese 0-0 con los gallegos, pero se esperaba muchísimo más de Tréllez. Y que si las cosas no salían por lo menos se pusiera el equipo al hombro y pidiera la pelota. Porque en teoría llegaba para hacer la diferencia. Para pegar el salto de calidad. Pero no. Los únicos saltos que pegaba eran cuando había que trabar una pelota. Porque si algo caracterizó a “Turbina” en su paso con la azul y oro fue justamente esconderse y jamás poner la patita. Y la sangre llegaría al río muy pronto. Porque en su segundo partido, Boca perdió con River 0-2 en la Bombonera después de ocho años. Y el DT se vio obligado a sacarlo en la mitad del segundo tiempo y cuando más caliente estaba el partido ya que había que ir al frente a buscar el empate. Pero lo del morocho era imperdonable. Caminaba la cancha. Pero caminaba en serio. Y la cosa se desmadró cuando fue a forcejear una pelota en mitad de cancha y cayó como una cartulina. Inmediatamente empezaron los chiflidos y a decir verdad, su situación ya no tuvo retorno. Porque jugó algunos partidos más pero no pudo hacer pie nunca. Resistido al mango. Apático. Frío como inodoro de cemento. Jamás entendió lo que es ponerse la camiseta de Boca. Con la Supercopa y el Apertura de ese año llegó a completar 19 partidos en los que hizo sólo dos goles. Un desastre. Pero por suerte para todos llegaría una buena jugada de John Jairo. Hizo los bolsos y se rajó al Juventude de Brasil. Gracias.

jueves, 8 de enero de 2009

Sandro Guzmán


Sandro Guzmán arrancó en Boca ya con el pie izquerdo. Eterno suplente de Chilavert en Vélez, llegó al xeneize en la temporada 1996/97 para formar parte del tétrico “Dream Team” comandado por el doctor Bilardo. Para no ser menos, acá también fue suplente. Pero una interna entre Navarro Montoya y el técnico acabó con el “Mono” desafectado del plantel.
Y en su debut, ya tuvo tiempo para meter la pata hasta el fondo. Boca terminaba de destrozar a Huracán con un 6-0 en la Bombonera y todavía en el campo de juego, no tiene mejor ocurrencia que declarar ante un micrófono “...del arco de Boca no me sacan ni muerto”. Con la hinchada aún dolida por la salida del arquero / ídolo, la frase sonó por lo menos desubicada e irrespetuosa.
Pero las cosas empeorarían a un ritmo más que acelerado. Porque si bien es verdad que ese Boca era una banda que se comía bailes con cualquiera, el ex Vélez no hacía nada para salvar las papas. Y las derrotas abultadas empezaron a llegar domingo tras domingo. Cuatro pepas en cancha de Racing. Cuatro pepas en Arroyito Semejantes resultados le costaron la cabeza a Bilardo.
Y para el Clausura 1997, y ya con el “Bambino” Veira como DT, empezó a pelear el puesto con otro recién llegado: el “Pato” Abondancieri. La campaña sería mala nuevamente y Guzmán jamás podría brindar un mínimo de seguridad bajo los tres palos. Cada centro o cada remate al arco de Boca era jugada de gol. Sandro estuvo presente en varios partidos y mantener el arco en cero era una misión imposible. Tres pepas en el Monumental en un nefasto 3-3. Tres pepas en cancha de Unión en otro 3-3. Hasta que la hinchada y Veira, en ese orden se cansaron. En el partido con Dep. Español en La Boca, a los 4 minutos y ante un remate al arco, quiso embolsar la pelora pero le pegó en el pecho y dio un rebote larguísimo. Rebote que un tal Almirón transformó en el primer gol de los gallegos. Y “La 12” empezó su trabajo de demolición. Cada vez que la pelota llegaba al arquero, le bajaba una estruendosa lluvia de chiflidos. El resto de la cancha no fue menos. Y le festejaba y aplaudía irónicamente cada saque de arco. Y Veira, un amigazo, lo incendió definitivamente y lo sacó en el entretiempo. Para jugar los segundos 45 minutos entró el “Pato”. En la semana hubo fuego cruzado de declaraciones. Mientras el técnico aseguraba haberlo reemplazado para “protegerlo”, Guzmán afirmaba que su ciclo en Boca estaba terminado y que no lo habían esperado como merecía. Un caradura.
Pudo jugar un partido más frente al lobo jujeño y tras la finalización del campeonato pasó a Dep. Español. De allí a All Boys, Atlético Tucumán y otros equipos de la “B”. Para darnos una mínima idea de lo que fue la estadía de Guzmán en el arco xeneize bastan dos números: jugó 18 partidos y se comió 30 goles. Un verdadero clavo. Y oxidado.

sábado, 20 de diciembre de 2008

José Rodrigues Neto


Otro ejemplo de que no todos los brasileros son buenos. O que nos mandan lo peor.
Rodrigues Neto llegó a Boca en 1982. Era marcador de punta por la izquierda.
El morocho realmente no sabía que hacer con la pelota. Limitadísimo. No marcaba bien. No se proyectaba. No pegaba. Desconcertante su adquisición y su paso por el xeneize. Vivió su paso por Boca lesionado. Jugó 11 partidos, ni en pedo hizo un gol y por suerte se volvió a Brasil.

Carlos "Puma" Morete


Carlos Manuel Morete era un goleador de raza. Histórico artillero de River, también infló redes a lo pavo vistiendo las camisetas de Talleres de Córdoba, Independiente y Argentinos. Hizo goles en todos lados. Menos en Boca.
El “Puma” llegó en 1981 y nunca pudo ganarse el puesto. Alternaba en el once titular y con medio campeonato transcurrido, el problema de Morete ya no era la poca cantidad de goles hechos, sino los que erraba. Pifiaba cada uno que mama mía. Hasta con el arco solo le costaba meterla al “Puma”. Obviamente finalizado ese Metropolitano tuvo que hacer urgente las valijas dejando la escasa marca de 3 goles en 18 partidos. Pobrísimo.

Jorginho "Paulista"


Los brasileros son una fábrica de marcadores de punta. No se destacan por la marca, pero se los reconoce mundialmente por su buen pie y su constante ida y vuelta. Son un elemento sorpresa invaluable a la hora de atacar.
Pero como en toda regla, hay excepciones. Y una de esas excepcione se llama Jorge Henrique Amaral Jorginho, alias Paulista.
Un verdadero negado el morocho. Malo en la marca y malo pasando al ataque. Si bien se sabe que a los brazucas les cuesta uno y la mitad del otro adaptarse al fútbol argentino, lo de Jorginho fue un verdadero bochorno. Llegó para la temporada 2001/02 pero decepcionó a todos y en cuanto Bianchi le sacó la ficha, el Paulista, tras 15 partidos jugados y ningùn gol convertido, tuvo que armar los bolsos y escapar.

Humberto "Coya" Gutiérrez


Humberto Gutiérrez no tenía el aspecto de un gran goleador, pero a veces las apariencias engañan. Surgió en San Martín de Tucumán y cuando fue comprado por Vélez pasó a ser el jugador del momento.
Bajito pero morrudo, el “Coya” no dudaba frente al arco rival y era un nueve temible. Boca, ávido de goles, no dudó en contratarlo para el campeonato 1987/88. Llegó con otros refuerzos y la idea era armarle un gran equipo a Saporiti.
Su debut fue muy bueno en lo personal. Porque si bien Boca cayó 1-2 con el Pincha en la Bombonera, el “Coya” clavó un espectacular tiro libre en el ángulo que sirvió para descontar. Con semejante expectativa creada, luego vendría el...... ocaso. Porque Gutiérrez se apagó más rápido que fósfoto bajo la lluvia.
Tras una flojísima primer temporada, las siguientes serían peores. Tanto en 1988/89 como en 1989/90 ya hacía más banco de lo que jugaba y su registro final mete miedo. Jugó 49 partidos e hizo 4 goles. Un verdadero desastre.